Salía de casa por la mañana, como cualquier día normal de trabajo, pero al abrir la puerta del garaje algo me pareció distinto. Sentí un escalofrío, un escalofrío familiar. Lo dejé pasar. Pensé que simplemente serían cosas mías. A la hora del almuerzo, volvió a pasar, cuando salí de la oficina a comer algo, nuevamente estaba allí, no sabía lo que era, pero sentía como si alguien o algo me siguiera de muy cerca, como si estuviera encima de mi. Nuevamente lo ignoré, porque ¿quién me va a perseguir a mi?.
Llegué a casa por la tarde y al entrar y dejar las llaves, el sonido del llavero al caer también me pareció distinto. Un sonido hueco, sordo... y otra vez la misma sensación. Carraspee y seguí con mis cosas.
Las 6 de la tarde. Hora de ir a hacer la compra. Me cambié de ropa. Me gusta ir cómodo a comprar. Fui al supermercado a por mi abastecimiento semanal. Al entrar a la tienda percibí algo distinto otra vez. Ah! Han cambiado los productos de sitio. Cosas del marketing supuse. Pero no solo habían cambiado los artículos de lugar... los carteles, los uniformes de los empleados, el olor, la gente, los colores... todo eso era distinto. Compré.
Al volver a casa guardé la compra y bebí un buen trago de agua fresca, demasiado fresca. Otra vez la sensación. Salí a la terraza. Anochecía. ¿Ya? Sí ya. Entré. Algo llegaba de forma inminente. Encendí la televisión. El hombre del tiempo anunciaba lluvias, viento...
Caí. Ya estaba claro. Me estaba esperando e irremediablemente iba a más; era mi Otoño. Otoño traicionero. Otoño rencoroso de una estación mejor. Otoño gélido. Ahora sólo tengo que guardar mi ropa de verano y ya está. Cada año lo mismo.