Hacia años ya de aquellos triunfos, de aquellas ovaciones, de esas sensaciones... Pero P.Sagara me retó, me desafió... y no pude resistirme.
Preparación psicológica durante toda la semana, concentración, visionado de algún partido y esperar al día "D".
Sábado por la mañana. Me seguí preparando: graduación de vista en óptica, compra del necesario equipamiento (zapatillas tenis, calcetines sin costura, pantalones cortos y camiseta, y pelotas), e inspección ocular de mi vieja pero robusta raqueta.
17:00 horas p.m, llegó el match. Buen tiempo, poco aire, 20º, ideal, pero... pista de tenis ocupada (a Sagara se le olvidó reservar). Subsanamos con un poco de presión física (mirada del tigre) y entramos a jugar a tiempo.
Me encontraba bien, toda mi ropa de tenis combinaba a la perfección, pero... ¿Qué pelotas has comprado?. Me dijo Sagara. Oh! No eran de tenis, eran de Padel. Bueno, el tamaño es algo menor y el bote algo mayor, sólo era cuestión de acostumbrarse.
A la pista! (previo calentamiento, claro). Primer raquetazo por mi parte y digo raquetazo porque le di (o eso creía yo) con todas mis fuerzas y... Uf! Pensé que el brazo salía detrás de la pelota. Qué sensación más muscular.
Me encontré bien. ¡Partido! Y claro el resultado fue una sólida victoria a favor de Sagara: 6-0 / 6-2.
Pero lo pasé bien. Hice ejercicio y cuando se me vaya el tirón del gemelo pienso volver a retar a mi rival, quizás la próxima semana.
Eso sí, para compensar las calorías dejadas en la pista, el domingo me zampé una buena fideua con la superfamilia Goodman, y ahí sí triunfé. Limpio dejé el plato!.